​La visión de Guillermo del Toro sobre Frankenstein, el inmortal clásico de Mary Shelley, se alza no solo como una adaptación cinematográfica, sino como una profunda y emotiva meditación sobre la condición humana. Lejos de buscar el simple sobresalto del género de terror tradicional, esta película es un triunfo del drama gótico, el suspenso psicológico y, sorpresivamente, un toque de romance trágico.

​Desde los primeros minutos, la cinta te envuelve en una trama soberbia que se siente a la vez familiar y absolutamente fresca. Del Toro demuestra su maestría al centrar la narración en la complejidad de sus personajes. El Dr. Frankenstein y su Criatura son retratados con matices devastadores; se exploran con detalle sus motivaciones, su soledad y el lazo inquebrantable (aunque destructivo) que los une. La Criatura, en particular, se convierte en un personaje de inmensa profundidad, cuya tragedia te conmueve hasta la médula.

​Si bien la esperada dosis de terror explícito no es el foco principal, la película compensa con creces mediante un suspenso palpable que se construye a fuego lento. El verdadero horror reside en las implicaciones morales de la creación, el rechazo y la búsqueda desesperada de conexión. Las escenas de drama son poderosas, ancladas en actuaciones fenomenales que dan vida a la angustia y el conflicto interno.

​Es un 10 para una película de historia que, más que aterrorizar, te llena el espíritu con su belleza visual y su corazón narrativo. Frankenstein de Del Toro es un recordatorio de que las mejores historias de "monstruos" son, en realidad, las mejores historias sobre personas.